La donna è mobile![]() "Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino |
Al compás, al compás (anecdotario del placer discotequero) Imagen: Round hereDecía Shelley que el conjunto de los poemas escritos, forma por sí mismo un gran poema del que todavía no tenemos conocimiento, y algo semejante, aunque llevado al terreno de lo absurdo, podría decirse de la transpiración humana en un garito musical en el que sin excepción, todos los asistentes sudan al compás, expulsando lenta y continuamente gotas que invitan a pensar que el rito forma parte de algo que no consigo adivinar, algo superior. Pero, ¿el qué? Dentro y casi a oscuras, paseo entre las caras sudorosas y encuentro miradas que me desnudan, otras que me sonríen, ojos que se atiborran de humo, que resueltamente se divierten y así lo muestran. Pero el sudor de sus caras, el esfuerzo que reflejan, el tacto de sus pieles brillantes no debería ser sinónimo de felicidad, si no más bien de todo lo contrario. Aún así se obstinan como fieras en permanecer allí. Decididamente es un espectáculo aterrador, algo que habla de cabezonería humana, de tozudez extrema, de soledad, de afectos no encontrados en un mismo latir, cada uno en su losa y sin salirse de ella, mecidos por un incesante chin-pam-pum, como si se tratara de un canto místico, de un ritual. Pero, ¿con qué objeto? Se mueven en escaso margen de espacio, agitan sus miembros y haciéndolo, gotas de sudor caen el suelo e impregnan el ambiente de una nube que lejos de elevarse, permanece cerca del suelo mojando y cansando a cuantos no abandonan, y a mí, que me restriego contra decenas de personas que me mojan con su humanidad. Tanto, que cuando consigo llegar a la barra ya no soy yo, somos ellos y yo. Nadie lo hace queriendo, todos desearían no sudar, pero lo hacen, y parecen querer que sudes como ellos, que te iguales, engullirte. Y hasta que el agua clara bañe mi cuerpo y todas esas esperanzas, toda esa cabezonería, tozudez, soledad y afectos no encontrados se pierdan por el desagüe de la ducha, les perteneceré, seré suya. Después, me instalaré durante algunos minutos en la certeza de que esos restos recorrerán cientos de kilómetros alejándose, cuando lo que en realidad harán será unirse al mar donde se evaporarán y elevarán formando nubes para volver a derramarse sobre miles, millones de cabezas que recibirán la lluvia como bendición celestial y que, sin saberlo, les regará de lo mismo de aquello de lo que desean huir, de la desesperanza y la soledad bien sudada. No hay escapatoria. Del cielo nos llueven los clavos. Chin-chin-pun, chin-chin-pun. Miércoles, 09 de Febrero de 2005 11:59. Comentarios » Ir a formularioAutor: La donna è mobile No soporto las discotecas desde que no ponen música de Donna Summer. En serio. Fecha: 09/02/2005 14:47. Autor: Paolo Jajajajaja... Yo una vez escribí un relato sobre el infierno. Se desarrollaba en una discoteca. Y me lo ha recordado este comentario tuyo. El sudor... Uf. Los personajes de mi relato sudaban todo el rato, claro. Ya no me acuerdo cómo terminaba, pero seguro que no sonaba Donna Summer. Fecha: 09/02/2005 18:05. Autor: La donna è mobile No, seguro que no sonaba. Eran otros tiempos cuando cortaban la música a las diez y venía un Paolo/Paquito/Perico diciendo "¿Bailas?" (que válgame también) y una se ponía tontina y le daba la mano (detalle importantísimo), bailaba, se dejaba oler el cuello, si el muchacho era de importancia, un chupetón... Ay, que me estoy haciendo mayor. Fecha: 09/02/2005 19:23. Autor: La donna è mobile Bueno, es verdad. Para mayor, mayor, tú. XDDDDD (yo también te quiero) Fecha: 09/02/2005 19:45. |
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